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Directora: Carolina G.-Cortines - Nº 147 -  7 / IX / 2010 
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Jaime Peñafiel

OPINIÓN

¡Pobre Reina!

Jaime Peñafiel
 

Me alegré, como millones de españoles, cuando anunciaron su boda a la que asistí en calidad de enviado especial de la agencia Europa Press.

Era la segunda española que, en los últimos tiempos, se convertía en reina de un país europeo. La anterior había sido mi paisana, Eugenia de Montijo, la hija de María Manuela, quien, al casarse con Napoleón III, se convirtió en Emperatriz de los franceses.

Hasta el general Franco se sumó al entusiasmo nacional por el matrimonio de la compatriota con el rey Balduino de los belgas. Incluso lo utilizó políticamente como un reconocimiento de su Régimen por un país tan democrático, ignorando que el gobierno belga le odiaba profundamente.

Cierto es que a Fabiola no le importaba. Al contrario. Era muy religiosa hasta el extremo de iniciar sus cartas con una cruz en la parte superior para finalizarlas con las iniciales “H. de M.” (Hija de María) bajo su nombre. Pertenecía a la Acción Católica, las Congregaciones Maríanas y Vicente de Paul, tenía director espiritual y era enfermera militar. Pero, sobre todo, mas de derechas y súper conservadora que el Caudillo.

Con decir que cuando el día 10 de diciembre, cinco días antes de la boda, se despide de España y España le dice adiós, lo hace gritando “¡Viva la Policía!”, que le abría una calle para poder salir de su casa y subir al coche con destino al aeropuerto de Barajas. Allí, la Policía Armada del ministro de la Gobernación, Alonso Vega, más conocido por “Don Camulo”, le rendiría honores.

Esto fue en 1960. Han pasado ya cincuenta años. ¡Cincuenta años! durante los que ha sido reina consorte del rey Balduino , al parecer, querida reina, de 1960 a 1980; reina viuda de un rey llorado y, hoy, a sus ochenta y dos años, una reina odiada y hasta amenazada de muerte.

Dicen que Fabiola es el miembro peor valorado de toda la Familia Real, una familia no precisamente admirada por el pueblo. Con decir que el príncipe Felipe, el heredero, con el mismo nombre que el heredero español, solo es aceptado por el 2.1% de los ciudadanos. El resto, poco más ó menos.

Cierto es que las reinas consortes nunca han contado con la simpatía de los belgas. Ya fueran valones o flamencos. Salvo la reina Astrid, esposa del rey Leopoldo y madre de Balduino, fallecida en accidente de coche, un coche que conducía su esposo.

Paola, la actual consorte del rey Alberto, nunca contó con simpatías, sobre todo por su vida escandalosa y disoluta, al estilo de la de Lady Di. Se le acusó de ser una esposa infiel aunque, al parecer, pagaba con la misma moneda. A los dos, a ella y a su marido el príncipe de Lieja se les acusó de mutuas infidelidades.

Hasta que llegó Fabiola intentando poner orden en el matrimonio. Solo consiguió ser odiada por aquella princesa que vino del sol a uno de los países más tristes de la vieja Europa.

Hoy, a Fabiola la odia, injustamente, no solo la reina Paola sino el país entero. No lo entiendo. Siempre ha sido una mujer discreta, caritativa, amable y muy integrada, llegando a dominar todos los idiomas que se hablan en este pseudo país que se deshace a pasos agigantados. ¡Pobre reina!

Habrá que decirle aquello de “¡Vente p´a España y que les den ….!

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